Feria__ Hybrid Art Fair. Solo Project. ÁRBOL PARA UN PAISAJE. Manuel Granados

ÁRBOL PARA UN PAISAJE

El proyecto expositivo “Árbol para un paisaje” del artista Manuel Granados parte de la crisis contemporánea que se erige alrededor de la producción de residuos y la contaminación que generan los modos de producción actuales. La ideología de consumo y la civilización del desperdicio son conceptos que producen escalofríos. Este último da título al libro de Jürgen Schuldt La civilización del desperdicio, Psicoeconomía del consumidor (Ed. Universidad del Pacífico, 2003) en el que añade, a todos los problemas medioambientales, las terribles consecuencias que el derroche de dinero y mercancías producen a nivel psicológico en el consumidor. Asistimos a una desmesurada cultura de lo efímero que no apoya los valores humanísticos, ni cubre las necesidades existenciales del ser humano, además de no potenciar sus aptitudes ni actividades en un planeta cada vez más sucio y famélico en recursos.

En las últimas décadas se alzan voces, como la de la investigadora de Acción Ecológica María Fernanda Soliz, que proponen pensar desde la complejidad para revertir la disociación simplista a la que se ha llegado por “reduccionismo economicista”. Quizá, no todo vale para conseguir un constante crecimiento económico ya que pocas veces hay una relación directa entre éste y el desarrollo de los pueblos.

En el libroEcología política de la basura, Pensando los residuos desde el Sur (Ed. Abya-Yala,2018), Coordinado por Soliz, se plantea un ecologismo articulado en tres ejes fundamentales: en primer lugar aborda la construcción de una Teoría crítica de la basura. Comprender cómo la ideología dominante y las relaciones de poder han marcado las dinámicas sociales, y se propone construir una ecología política que accione una filosofía y ética del medio ambiente; en un segundo término, se promueve la organización similares a ONG y la acción de resistencia comunitaria, a nivel local o global, como las ONG, cruciales para visibilizar los problemas y acabar con las dinámicas de sumisión. Por último, el texto emprende la utopía del ideal de Basura Cero, compartida por tantas organizaciones que forman GAIA (Alianza Global para Alternativas a la Incineración). Vladimir Moskat explica que Basura Cero es un “término [con el que] se refiere habitualmente a un conjunto de miradas, estrategias y herramientas prácticas orientadas a abordar el problema de los residuos desde una perspectiva crítica que no solo busca gestionar los residuos, sino también a modificar los patrones de producción y consumo”.

Para abordar el drama ecológico, Manuel Granados busca la utopía del ideal de Basura Cero hoy, con posibilidades de realización en un futuro cercano, haciendo uso de las huellas que deja nuestro consumo. En sus fotografías arma “naturalezas muertas” poetizando el residuo, como elemento capaz de generar comunidad. El proyecto incide en volver a conectar sociedad y naturaleza, proponiendo estrategias que pongan en juego a todos los agentes sociales. Desde el respeto a la pluralidad, y utilizando herramientas que nos hacen humanos (arte, pensamiento y ciencia), propone un ejercicio de diálogo que fomente repensar los medios de producción para una gestión sostenible.

Manuel Granados propone como primer acto ecologista el conocimiento del yo, para una gestión consciente de lo necesario y lo superfluo. Su serie “Árbol para un paisaje” reconoce la importancia de la conexión entre individuos, sociedades, culturas, relatos e imaginaciones. En sus bodegones, mezcla elementos de toda índole: objetos rescatados de las basuras, plantas y animales muertos, juguetes rotos, plásticos, tejidos, papeles,… al conectarlos, les concede un orden del que emerge un organismo mayor, un árbol que forma parte de nuestro escenario cotidiano, un paisaje nuevo dotado de alma, una ficción constructiva que pretende animar a ir más allá de lo corporal para comprender el verdadero reto: la comunicación; el intercambio de calidad entre las personas y éstas con el entorno es el alimento real generador de vida y bienestar.

Con la serie Mapa, territorio y bandera,Manuel Granados imagina, con el mismo material de desecho, falsos estandartes que ponen en cuestión los espacios acotados artificialmente. La pregunta que se hace el artista es si esas construcciones somos nosotrxs, si realmente las banderas están legitimadas para reivindicar los conceptos puros que nos definen como individuos. Las organizaciones identitarias son mecanismos sensibles de gran complejidad, expuestos a continuo debate y transformación; es pertinente insistir en el enfoque dialéctico y la revisión permanente que vaya reajustando las reglas que nos damos para la gestión política, social, cultural y económica.

La respuesta es entender las banderas como símbolos fluidos, capaces de crecer, multiplicarse, mutar y desaparecer, como cualquier organismo vivo; dispositivos que no encierren, sino que validen la utopía global sostenible e igualitaria en armonía con la ética ecológica y el ideal de Basura Cero.

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