Crítica de arte__ DIONISIO AEROPAGITA – EL ORDEN DE LOS ÁNGELES. Anselm Kiefer. CaixaForum.

 Dionisio Aeropagita – El orden de los ángeles.  ANSELM  KIEFER.
Exposición TURBULENCIES. Caixafoum Barcelona.

Mirar esta pieza es observar un campo de batalla. Los ecos de la Segunda Guerra Mundial todavía se dejaban sentir en los años 80 cuando Kiefer pintó este cuadro; es más, todavía hoy colean innumerables memorias olvidadas, tantas reparaciones mal gestionadas, incalculables “daños colaterales” de las infinitas guerras que se han sufrido, cuya herencia sigue impregnando y conformando los ámbitos de lo político, lo social, lo geoestratégico y lo económico.

El filósofo Theodor W. Adorno sentenció: “Escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie”. El arte parecía fundirse a negro, se había quedado sin imágenes, sin héroes, sin lenguaje para hablar, sin la experimentación formal de las vanguardias, ni la narrativa figurativa decimonónica, sin la alegría de la estética colorista; solo quedaba el miedo al realismo de la vida de posguerra, pánico a bucear en el subconsciente, lo absurdo o lo onírico, la angustia del existir en esa tierra yerma, ennegrecida por el salvajismo y la brutalidad de las bombas, atómicas o corrientes, y los campos de exterminio.

Ante la imposibilidad de ofrecer imágenes de la cruda y doliente destrucción, el arte de posguerra trató de dar un cierto consuelo al individuo, convertir la rabia y la negatividad en una energía de expresividad sin forma. La vergüenza por lo ocurrido quedaría aletargada un par de décadas; con el relevo generacional llegaría la necesidad de contar, denunciar y reivindicar de los años 60 y 70: el individuo y sus múltiples variantes identitarias ocuparían las manifestaciones del arte que empezó por él mismo a ser otro: un arte otro para una realidad otra.

Kiefer nos presenta la metáfora de la hélice, imprescindible para volar, y revierte su simbología de ligereza para hablar de la paradoja de la insignificante pesadez. Al dañar la hélice se quebranta el espíritu entendido como lo que direcciona hacia el conocimiento y la superación del cuerpo que sólo sabe pelear por las cuestiones materiales. Ha desprovisto a los ángeles de su cualidad ingrávida y liviana que les acerca a Dios y los ha convertido en rocas que sólo pueden caer y apegarse a la tierra devastada.

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